Posted by : Vaig a Peu domingo, 12 de febrero de 2017

El Far de Formentor fue proyectado por Emili Pou. Comenzó a funcionar con una óptica giratoria catadióptrica de 12 paneles centrales y una apariencia luminosa de luz fija con destellos prolongados cada 30 segundos. Se inauguró el 30-04-1863. En 1927 se instaló una óptica con flotador de mercurio que actualmente puede contemplarse en la exposición de Portopí. La parte giratoria de la vieja se utilizó para una instalación con flotador de mercurio que se instaló en Formentera (La Mola) en 1928. Con esta reforma el faro de Formentor pasó a tener una apariencia de grupos de 4 destellos. En 1971 se produjo un cambio de linterna y nuevamente de óptica. Fue un faro de complicada edificación debido a su entorno agreste y considerable aislamiento. Durante su construcción, los obreros también trabajaban los domingos y festivos, lo que llegó a oídos del Obispo de Mallorca, por lo que se levantó un altar en sitio adecuado para oír previamente misa y seguir trabajando después. En 1962 se instaló una línea eléctrica, pero las fuertes tormentas que se producen en este enclave, dejaban inútil la línea con excesiva frecuencia, por lo que finalmente se decidió que el faro funcionara con dos grupos electrógenos. Hoy es una señal solarizada y telecontrolada. Las antiguas viviendas de los fareros se han reutilizado mediante Concesión Administrativa para ofrecer servicios turísticos, ya que éste es uno de los enclaves más visitados de Mallorca. Actualmente es el faro que tiene su plano focal a mayor altura sobre el nivel del mar de todas las Baleares. Hasta la segunda década del siglo XX, el camino de servicio para llegar al faro salía desde Cala Murta y consistía en una tortuosa senda de más de veinte kilómetros.









Hoy descansamos de caminatas y nos vamos a recorrer en coche la cornisa norte de la isla de Mallorca, donde el extremo superior de la Serra de Tramuntana se encuentra con el Mediterráneo. Formentor es una estrecha península de 12 km de largo por unos 3 de ancho situada dentro del municipio de Pollensa.








En Pollensa visitamos la iglesia de la Mare de Déu dels Ángels fundada el 1236, que cuatro años después fue entregada a los Caballeros Templarios, a quienes el rey Jaime I de Aragón concedió un amplio territorio en el norte de Mallorca en reconocimiento a la ayuda que le prestaron durante la Conquista de Mallorca de 1229.









Precisamente en torno a esta iglesia, Pollença fue creciendo hasta poder ser considerada una villa, ya que seguramente durante la época islámica la población de la zona vivía dispersa, siendo en el siglo XIII una de las principales localidades de la isla. El edificio que hoy vemos fue construido entre 1714 y 1790.








Nos marchamos hacia el Puerto de Pollensa para desviarnos hacia el Mirador de Sa Creueta o Colomer, 5 km de estrecha carretera con multitud de curvas. Situado en una roca vertical de más de 200 metros de altura que permite unas espléndidas vistas. Aunque hoy no es el día adecuado, las nubes bajas invaden el paisaje y las panorámicas son nulas.


Hay un amplio aparcamiento para buses y coches donde nos recibe un monumento a Antonio Parietti Coll, que ideó el mirador. El ingeniero también diseñó los 18 kilómetros de carretera hasta el faro. Las escaleras labradas en la roca nos guían por este espacio de vistas espectaculares hasta el final, donde un par de pequeñas explanadas circulares nos permiten las mejores vistas, con la isla del Colomer al fondo.



Es una lástima que no podamos obtener vistas profundas, y pese a que sopla un fuerte viento las nubes pasan y se quedan enganchadas constantemente. La gente sigue llegando, son visitas programadas y el  día es el que toca. Nos abrigamos bien y comenzamos un recorrido espectacular junto a un precipicio escalofriante.


Está prohibido salirse del serpenteante pasillo de cemento que tiene barandas metálicas, y en los rellanos muretes de piedra que nos protegen del abismo. Las fotos al perfil de la roca son impactantes. Dudamos en dirigirnos a la Atalaya de Albercuix, situada a 390 m. de altura pero la niebla nos hace desistir.









Decidimos irnos al Cap de Formentor, que literalmente significa el fin de Formentor. Dieciocho km de curvas y lazadas increíbles que terminan en el Far de Formentor, es un camino de ida y vuelta pero vale la pena ir. Aunque no se puede visitar, han habilitado las casas de los fareros como cafetería, donde podemos tomar un refrigerio.

Comenzó a construirse en 1857, según proyecto de Emili Pou, inaugurándose el 30 de abril de 1863. El abrupto terreno hizo de éste uno de los faros de más difícil  construcción. El primer combustible utilizado fue aceite de oliva, luego parafina de Escocia y finalmente petróleo.


Regresamos hasta el mirador y tomamos dirección hacia Alcudia, de camino paramos en acantilados y miradores para observar algunas recónditas calas, siempre con permiso de la bruma, que poco a poco se va disipando. Vemos Cala Figuera, y luego entramos a un diminuto embarcadero con vistas a la isla de Menorca.


Alcúdia, pueblo entre murallas. La antigua capital tiene una situación estratégica, que ya desde época romana fue apreciada y reconocida, la exponía también a los peligros de estar cerca de la costa. Por este motivo el rey Jaume II diseñó un sistema de protección: la muralla, para defender la población local y construir un lugar seguro al noreste de la isla en caso de ataque exterior.










La construcción se inicia en el siglo XIII (1298) y no concluye hasta mediados del siglo XIV (1360). A lo largo del siglo XVI se realizaron nuevos trazados de murallas y se añadieron baluartes a las antiguas, aunque la muralla renacentista tuvo que ser derrumbada debido a un plan de saneamiento de la ciudad.


Uno de los atractivos de la muralla medieval son sus puertas de acceso. Originariamente eran tres, la Porta des Moll o de Xara, la Porta de Mallorca o de Sant Sebastià y la Porta de la Vila Roja. No podemos dejar de fotografiarnos junto a la puerta de Mallorca (las dos torres unidas por el gran portal de arco) o la Porta des Moll, que no está unida a murallas y que nos muestra el rastrillo o la verja levadiza original.









Comemos en un bonito restaurante y tras callejear tranquilamente, nos marchamos a Manacor donde hacemos una visita rápida a la Iglesia de Nostra Senyora dels Dolors. Este gran templo sobresale de entre los edificios de alrededor; de porte fastuoso y recargado propio del estilo neogótico del siglo XIX.








Destaca la esbelta torre anexa de 80 metros de altura, haciéndola el edificio más alto de la isla. Iglesia de nave central circundada por una sucesión de capillas. El rector Rubí ordenó su edificación sobre la antigua iglesia de Sana María de Manacor, del siglo XV. Los feligreses rinden culto al Cristo de Manacor.









Iniciada a finales del siglo XIX por iniciativa del rector Rubí, la obra fue encomendada al ingeniero naval José Barceló Runggaldier, que dibujó los planos y dirigió la obra. Gaspar Bennàssar continuó la obra de Runggaldier y construyó el campanario.



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